
Facultad de Farmacia y Bioquímica, Universidad de Buenos
Aires, Buenos Aires, Argentina
El
hombre contemporáneo, al apropiarse de las fuerzas de la naturaleza, ha
adquirido el poder de modificar la faz de la Tierra y su propia condición.
El conocimiento de las disciplinadas y previsibles propiedades de la materia
le ha permitido el diseño y la producción masiva de utensilios e instrumentos
que benefician la ejecución de las tareas humanas, situación ésta que ha
modificado profundamente la forma de vida en las sociedades contemporáneas,
especialmente en la segunda mitad de este siglo. El desarrollo del conocimiento
y la acumulación de capital financiero parecen constituir los vectores
principales de desarrollo social en el mundo occidental. A su vez, el desarrollo
del conocimiento deriva de la socialización de experiencias individuales
de entendimiento de la realidad; búsquedas individuales que parecen responder
a un impulso primario de curiosidad o asombro derivado de la organización
neurona del cerebro humano.
En la evolución e integración del conjunto de actividades relacionadas
con la ciencia y la tecnología, lo que abreviadamente llamamos sistema
científico-tecnológico, pueden reconocerse tres fases: la investigación
básica, la investigación aplicada y la transferencia del conocimiento.
Las actividades mencionadas tienen un alto dinamismo y evolucionan constantemente,
por lo que los límites entre las fases suelen volverse difusos. Este alto
dinamismo intrínseco y su plasticidad inherente no están adecuadamente
reflejados en el concepto abreviado de sistema científico-tecnológico,
el que parece incluir la idea de una administración y planificación unificadas
que conduce a resultados previsibles. En realidad, la evolución del conjunto
de las actividades científico-tecnológicas parece seguir las reglas de
un proceso evolutivo-selectivo basado sobre el azar y la oportunidad en
que los eventos exitosos marcan la trayectoria, en forma similar a la evolución
biológica y social.
La fase de investigación básico o de conocimiento puro se desarrolla,
desde el punto de vista histórico y evolutivo, como un anhelo eminentemente
personal, entre filosófico y estético, de búsqueda del conocimiento de
la realidad. La investigación básica reconoce las mismas motivaciones que
en su momento movilizaron a Demócrito, Copérnico o Newton en los siglos
V a.C., XVI y XVII y que en nuestros días mantienen en actividad a miles
de científicos. La investigación básica se complementa naturalmente con
la enseñanza superior; más aún, la enseñanza y la investigación se fecundan
y potencian en el ámbito universitario. Al enseñar a sus estudiantes, el
profesor transmite su entusiasmo y su empeño en la disciplina, actitudes
que devienen de su actividad investigativa. Viceversa, el ordenamiento
lógico de las ideas, esencial para el proceso de enseñanza-aprendizaje,
descubre las inconsistencias del dogma del momento en la disciplina y abre
el espacio de la reflexión y la investigación.
El desarrollo del conocimiento y su acumulación llevan naturalmente
al anhelo de utilización de dicho conocimiento para beneficio de las actividades
humanas. En la historia de la ciencia, esta fase que entendemos como de
investigación aplicada aparece con la revolución industrial de los siglos
XVIII y XIX. El concepto dominante es el de la transformación de la naturaleza
y la obtención de poder a través del conocimiento, tal como lo expresara
Benjamin Franklin al fundar la American Philosophical Society en Filadelfia
en 1740: to promote useful knowledge. Hasta la aparición de este
anhelo de poder, la ciencia se había preocupado por la exploración de la
naturaleza tal cual es, búsqueda movida por el éxtasis y la agonía intelectual
individual de los científicos involucrados.
Con el advenimiento del concepto de la investigación aplicad, aparecen
la comunicación y la colaboración interdisciplinarias y las asociaciones
entre científicos, ingenieros y empresarios, que florecieron en la Inglaterra
de fines del siglo XVIII. Interesante para señalar fue la asociación entre
el químico Priestley - descubridor del oxígeno - y el artesano-empresario
Wedgwood, que desarrolló la cerámica azul producida actualmente por la
empresa original. Esta tase de investigación aplicada o de conocimiento
aplicado incluye la ciencia básica como su antecedente y como parte de
su desarrollo, ya que, ciencia pura o aplicada, contiene la creación de
conocimiento, conjunción de síntesis e intuición en lo íntimo del cerebro
humano. La investigación aplicada también se complementa naturalmente con
la enseñanza superior y por las mismas razones que obran para la investigación
básica.
La tercera fase es lo que llamamos transferencia de conocimientos,
considerando que dicha transferencia puede hacerse a los sectores de la
producción o de los servicios. Desde el punto de vista histórico, el concepto
de transferencia es un recién venido al conjunto de actividades científico-tecnológicas
y algunos ponen en duda que forme parte del conjunto. La postura mayoritaria
es considerar esta fase no sólo como integrante del conjunto sino como
la parte del mismo que contribuye definitoriamente a la justificación social
de estas actividades. Así como las motivaciones de la ciencia básica y
de la ciencia aplicada son básicamente de los dominios personal e interpersonal,
respectivamente, la motivación de la transferencia del conocimiento a los
sectores de la producción y los servicios es del dominio institucional.
La transferencia de conocimientos incluye la ciencia básica y la ciencia
aplicada como sus antecedentes y como partes de su desarrollo. Históricamente,
el carácter institucional de proyectos científico-tecnológicos comenzó
a desarrollarse durante y después de la Segunda Guerra Mundial con megaproyectos
tales como la bomba de plutonio, el radar o el hombre en la Luna. Las motivaciones
que llevan a las universidades contemporáneas a favorecer la transferencia
de conocimientos son mucho más modestas y a la vez de naturaleza política
y económica. Desde el primer punto de vista, mejora la inserción de la
universidad en la sociedad que la sustenta, y, desde el otro, las acciones
de transferencia generan recursos financieros para la institución.
La historia natural de los conceptos que describen el complejo de
actividades enmarcadas en el ámbito científico-tecnológico muestra una
evolución temporal - ciencia básica, ciencia aplicada y transferencia de
conocimientos -, en la que cada fase incluye necesariamente la anterior,
que iniciada en el asombro y la fascinación de la observación del conocimiento
para la provisión de bienes y servicios.
CIENCIA Y TECNOLOGIA EN LA UBA
Desde su nacionalización en 1880, como cesión de la provincia de
Buenos Aires a la Nación, la Universidad de Buenos Aires acompañó y contribuyó
a la transformación del país de fines del siglo XIX, constituyéndose en
una institución de erudición y del prestigio académico, en paralelo con
el rápido desarrollo del conocimiento positivista de la época. Durante
la primera mitad de este siglo, la investigación científica en el ámbito
universitario, un objetivo de la Reforma de 1918, se desarrolló siguiendo
la acción individual de algunos profesores adelantados intelectualmente
a su medio, ya que no existía una política institucional explícita. Sin
ninguna duda, Bernardo A. Houssay personifica el caso más exitoso de esa
vocación, con la instalación de la investigación científica en el Instituto
de Fisiología, en la Facultad de Ciencias Médicas. Houssay fue en 1920
el primer profesor universitario con dedicación exclusiva, es decir el
primer profesor-científico profesional, y por muchos años el único. En
esa época, la regla eran los profesores de dedicación simple, los que recibían
una retribución de unos 450 pesos mensuales (unos 200 dólares de la época),
la que era insuficiente para permitir una dedicación total, por lo que
muchos profesores acumulaban varias cátedras o practicaban sus profesiones.
En los años 1956 a 1960 se produjo un cambio cualitativo fundamental para el desarrollo de las actividades científicas en el ámbito de la Universidad de Buenos aires y en el país. Podemos decir que la ciencia y las universidades argentinas comenzaron su modernización para tomar el estilo de las universidades americanas y europeas, que habían efectuado cambios similares unos diez años antes, como consecuencia del explosivo desarrollo de la ciencia y la tecnología en ese momento. La creación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y de su carrera del investigador científico se hizo sobre la base de los investigadores y de la experiencia de unos pocos grupos de científicos, que en su mayoría desarrollaban sus tareas en la Facultad de Medicina y en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales. A su vez, la Universidad se dio su propio estatuto, en el cual explicitó el papel esencial de la investigación científica para la vida académica y estableció la dedicación exclusiva. Durante las gestiones de los rectores Frondizi, Olivera y Fernández Long, la Universidad de Buenos Aires otorgó becas de investigación internas y externas, y financió algunas investigaciones especiales, como el estudio integral de la problemática generada por la enfermedad de Chagas.
El proceso de desarrollo se interrumpió en 1966 como consecuencia
del golpe de Estado de ese año. El período 1966-1983 en la Universidad
de Buenos Aires estuvo enmarcado por un espectacular crecimiento de la
ciencia y la tecnología en el plano internacional, una consolidación del
CONICET como la institución responsable de la ciencia y la tecnología en
el país, la creación de institutos de investigación del CONICET fuera de
la Universidad y una falta total de política científica por parte de la
Universidad. A pesar de ello, la operación de la carrera del investigador
y de los programas de becas del CONICET y de la dedicación exclusiva en
la Universidad produjo a través de los años miles de especialistas entrenados
profesionalmente para la enseñanza y la investigación. También durante
ese período se produjo una gigantesca fuga de cerebros: se estima que por
cada científico producido en la Universidad de Buenos Aires y mantenido
activo en su ámbito hay dos científicos desarrollando sus tareas en el
exterior.
La gestión científico-tecnológica en la Universidad de Buenos Aires
se reanuda a partir de 1983; el rector normalizador Delich crea una Secretaría
de Ciencia y Técnica, designa al secretario Vallana y se otorgan algunas
becas externas. El gran cambio ocurre a partir de 1986, cuando la gestión
del rector Shuberoff crea por resolución del Consejo Superior la Secretaba
de Ciencia y Técnica, con sus actividades enmarcadas dentro de los lineamientos
de la Propuesta de Inacayal (1986), y designa al secretario Albornoz.
Los exitosos programas de la Secretaría de Ciencia y Técnica se ponen
en operación: el programa de equipamiento científico (1986-1988); el programa
de becas (desde 1986 a la fecha) con el novedoso capítulo de becas de investigación
para estudiantes, modalidad que pocas universidades del mundo ofrecen;
el programa de subsidios a la investigación (desde 1987 a la fecha); el
programa de viajes al exterior (desde 1992 a la fecha) y el programa de
premios a la producción científico-tecnológicas ha hecho de ellas una parte
inescindible de la vida académica de la Universidad de Buenos Aires. Los
programas mencionados operan en forma estable, manteniendo un nivel presupuestario
constante para los ejercicios financieros de 1992 a 1995; el resultado
ha sido el de una actividad científica razonablemente previsible, con unos
2.850 docentes-investigadores agrupados en alrededor de 800 grupos de investigación,
distribuidos en las trece facultades y que constituyen un formidable patrimonio
académico y científico que hace de la Universidad de Buenos aires una de
las grandes universidades latinoamericanas. Puede observarse en el listado
de los parámetros de la actividad científico-tecnológica (Tabla 1) - que
incluye indicadores de la actividad global como número de estudiantes y
aporte del Tesoro Nacional - que las relaciones entre la cantidad de docentes-investigadores
y de becarios, por un lado, y el número de grupos de investigación y de
proyectos, por el otro, considerados juntamente con la magnitud de la producción
científica, expresada por las publicaciones, indican claramente un conjunto
académico-científico bien equilibrado y razonablemente activo.
VINCULACION UNIVERSIDAD-EMPRESA
Un par de hitos marcan la vocación de la Universidad de Buenos Aires
de ubicarse dentro del conjunto de las universidades contemporáneas favoreciendo
la vinculación universidad-empresa; éstos son: la Res. CS 1655/87, que
reglamenta "las actividades de cooperación técnica, producción de
bienes, asesoramiento e incremento de subsidios de investigación",
y la creación de UBATEC, la sociedad anónima de vinculación y transferencia
tecnológica, cuyas acciones están repartidas entre la Universidad de Buenos
Aires, la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, la Unión Industrial
Argentina y la Confederación General de la Industria.
La existencia de la Res. 1655/87 y la constitución de UBATEC produjeron
una impresionante apertura en cuanto a la relación de la Universidad con
su medio social. La idea de "aislamiento" ha acompañado a las
universidades desde su creación como instituciones del conocimiento en
el siglo XII; el moderno concepto de "autonomía universitaria"
y la peyorativa expresión "torre de marfil" derivan de la concepción
del ámbito universitario como un espacio social diferenciado. En el presente
entendemos que las universidades deben ser autónomas en lo académico, en
lo científico y en lo administrativo, y ligadas con su sociedad en lo social
y en lo económico.
UBATEC produce, mediante sus flexibles mecanismos de funcionamiento, acciones de vinculación
y transferencia con empresas públicas y privadas. Grupos de investigación
de la Universidad han participado, a través de UBATEC, de concursos y licitaciones
convocados por los sectores públicos y privados en el país y en el exterior.
La Res. CS 1655/87 expresa en su primer artículo que "la Universidad
de Buenos aires podrá ejecutar, a través de sus dependencias, trabajos
técnicos de alta especialización, desarrollos, tareas de transferencia
de conocimientos tecnológicos y prestación de servicios para terceros,
con financiamiento total o parcial de éstos, siempre que dichos trabajos
y tareas tengan nivel técnico y científico acorde con el prestigio y propósitos
de esta casa de altos estudios".
Las ideas en boga sobre transferencia de conocimiento para la producción
de bienes y servicios en la dirección universidad-empresa toman a estas
acciones de transferencia como acuerdos entre partes, consideran que éstas
son favorecidas por acciones previas, circunstancias enmarcadas en el concepto
más general de vinculación universidad-empresa y por la relación general
entre la universidad y la sociedad.
El uso de la Res. 1655/87, las circunstancias de su aplicación y
la experiencia acumulada en estos años en el campo de la vinculación universidad-empresa
y universidad-sociedad nos permiten actualmente reconocer y diferenciar
una serie de acciones encuadradas en situaciones administrativas distintas
que involucran a la universidad y a terceros (empresas, organismo o instituciones
públicas o privadas, otras universidades o particulares). Así, reconocemos
convenios generales, convenios específicos, servicios a terceros, servicios
al público, pasantías, bolsa de trabajo, cursos de extensión y cursos de
posgrado.
Los convenios generales o convenios marco son acuerdos entre la Universidad
y terceros para que ésta desarrolle acciones que se implementan a través
de convenios específicos. Los convenios generales - aprobados por el Consejo
Superior - son verdaderas cartas de intención que normalmente no incluyen
acciones financiadas y tienen vigencia de tres a cinco años.
Los convenios específicos son emprendimientos entre un tercero y
la Universidad para que a través de sus profesores y docentes lleve a cabo
estudios, trabajos técnicos o desarrollos especializados. Las tareas derivadas
de estos convenios se realizan normalmente en las dependencias de la Universidad,
si bien pueden incluir tareas de campo. Estos convenios, que son aprobados
por el Consejo Superior, tienen claramente especificada la financiación
de las acciones con los honorarios para los profesores y docentes involucrados,
como asimismo los cronogramas de las acciones por desarrollar durante la
vigencia del convenio, normalmente de seis a veinticuatro meses.
Los servicios a terceros son acciones de corta duración, de un día
a un par de semanas, tales como mediciones, análisis, consultas o trabajo
técnicos que se llevan a cabo en dependencias de la Universidad, que son
ejecutadas por profesores y docentes de la misma, aprobados por los Consejos
Directivos y que devengan honorarios para los docentes involucrados.
Los servicios al público, ya reglamentados en la administración del
rector Olivera por Res. CS 1419/64, incluyen una serie de tareas aranceladas
como servicios asistenciales, mediciones y análisis ejecutados por docentes
y personal de la Universidad en dependencias de la misma. Estos servicios,
con aranceles aprobados por los Consejos Directivo, no devengan honorarios
para el personal involucrado, si bien pueden generar premios o incentivos
a partir de las entradas del servicio.
La pasantías son acciones mediante las cuales estudiantes, graduados,
docentes y funcionarios de la Universidad desarrollan actividades, por
un período de generalmente uno a doce meses y sin relación de dependencia,
en empresas o instituciones públicas o privadas. Las pasantías son aprobadas
por los Consejos Directivos o el Consejo Superior, según los casos, y los
haberes de los pasantes y coordinadores son percibidos a través de la Universidad,
que actúa de intermediaria entre las empresas y los pasantes.
La bolsa de trabajo es un sistema mediante el cual la Universidad,
conforme con los requerimientos de un tercero, selecciona estudiantes y
graduados para desarrollar tareas en relación de dependencia en empresas
o instituciones públicas o privadas.
Los cursos de extensión son cursos dirigidos a particulares y al público en general, de idiomas, humanísticos o de tipo deportivo, que son organizados, dictados y administrados por la Universidad.
Los cursos de posgrado constituyen una de las actividades académicas
clásicas de las universidades contemporáneas y una vía de comunicación
de éstas con sus propios graduados, una necesidad ineludible dada la velocidad
de incorporación de nuevos conceptos. De acuerdo con la concepción vigente
en la Universidad de Buenos Aires, la enseñanza de grado, en cumplimiento
de lo señalado en la Constitución Nacional de 1994, es gratuita, mientras
que la enseñanza de posgrado es arancelada.
La serie de acciones detalladas conforma un espectro de situaciones
de vinculación universidad-empresa y universidad-sociedad cuyo grado de
eficiencia o éxito puede estimarse a través de encuestas especializadas
o por la consideración de la recaudación producto de la ejecución de dichas
acciones. La Tabla 2 muestra los ingresos por todo concepto de las dependencias
de la Universidad, los que substancialmente reflejan la ejecución de las
acciones en consideración. La recaudación de la Facultad de Ciencias Económicas
llama la atención por su magnitud y responde a la eficiente ejecución de
pasantías, cursos de posgrado y bolsa de trabajo. Muy por debajo de ese
nivel de ingresos y constituyendo un grupo relativamente comparable se
encuentran las otras facultades; entre ellas, la de Farmacia y Bioquímica,
con convenios específicos, pasantías y prestación de servicios; la de Arquitectura,
con la ejecución de trabajos técnicos; la de Ingeniería, con cursos de
posgrado, pasantías y trabajos técnicos; la de Filosofía y Letras, con
los cursos de idiomas, etcétera. Los servicios asistenciales prestados
por los hospitales y la Facultad de Odontología merecen destacarse por
su trascendencia social y por la magnitud de los recursos involucrados.
El total de los ingresos propios de la Universidad de Buenos Aires
corresponde aproximadamente al 30% de los fondos del Tesoro Nacional girados
a la Universidad y a 5, 9 veces el presupuesto que la misma Universidad
destina a ciencia y tecnología. La magnitud de la recaudación indica una
capacidad administrativa de la universidad recuperada respecto de la misma
en la primera mitad de la década del '60.
Es esencial, con el fin de consolidar las acciones de transferencia
y vinculación, que cuando la Universidad preste servicios a través de sus
profesores y docentes, éstos lo hagan actuando por cuenta de la Universidad,
que ésta facture y cobre los servicios, y que los profesores y docentes
perciban sus honorarios a través de la administración de la universidad.
La intermediación de cooperadoras, fundaciones o similares, aparte de la
dudosa legalidad de las acciones ejecutadas, elude los órganos de gobierno
de la Universidad y debilita el protagonismo de la misma.
En la actualidad, la Universidad de Buenos Aires alberga un conjunto de actividades científico-tecnológicas adecuadamente estructuradas para cumplir el doble propósito de permitir el desarrollo de nuevos conocimientos y transferir conocimientos a los sectores de la producción y los servicios.
El contenido de este artículo apareció en la revista
Encrucijadas (Año 1, No. 30) de la Universidad de Buenos Aires.